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Arteterapia

Arteterapia para Pacientes con Cáncer: Cómo el Arte Puede Acompañarte Durante el Tratamiento

Por Lourdes | Arteterapeuta, Tanatóloga y Sobreviviente de Cáncer

Grupo de arteterapia trabajando juntos

Recuerdo el momento exacto en que las palabras dejaron de alcanzarme.

Estaba sentada en la sala de espera del hospital, días después de recibir mi diagnóstico de cáncer. La gente a mi alrededor seguía con sus vidas normales —revisando el celular, hojeando revistas, conversando sobre el clima— y yo me sentía como si estuviera detrás de un vidrio grueso, separada del mundo por algo que no podía nombrar.

"¿Cómo te sientes?", me preguntaban. Y yo no sabía qué responder. ¿Asustada? Sí, pero eso no capturaba la magnitud de lo que sentía. ¿Triste? También, pero había algo más. Había enojo, incredulidad, una extraña sensación de irrealidad. Había momentos de calma inexplicable seguidos de olas de pánico. Había preguntas que no me atrevía a hacer en voz alta.

¿Cómo pones todo eso en palabras?

Fue entonces cuando encontré en el arte un lenguaje diferente. Un lugar donde podía depositar todo lo que no cabía en las conversaciones, todo lo que era demasiado grande o demasiado confuso para explicar.

El arte no curó mi cáncer. Los médicos, los tratamientos, la ciencia hicieron eso. Pero el arte me ayudó a atravesarlo. Me ayudó a encontrar un hilo de sentido en medio del caos. Y eventualmente, me ayudó a reconstruirme.

Hoy, como sobreviviente, tanatóloga y como arteterapeuta, acompaño a otras personas que están transitando ese mismo camino. Y quiero compartir contigo lo que he aprendido —desde adentro y desde afuera— sobre cómo el arte puede ser un aliado en el proceso oncológico.

Por qué el arte importa cuando tienes cáncer

Cuando recibes un diagnóstico de cáncer, tu vida cambia en un instante. De pronto te encuentras en un mundo de términos médicos, decisiones complejas, tratamientos agresivos y una incertidumbre que se instala como una sombra permanente.

En medio de todo eso, las emociones se acumulan. Miedo al futuro. Enojo por lo injusto de la situación. Tristeza por la vida que tenías antes. Culpa por ser una "carga" para tu familia. Frustración con un cuerpo que sientes que te traicionó. Esperanza que aparece y desaparece. Agotamiento que va más allá de lo físico.

Y muchas veces, no hay espacio para procesar todo eso. Las citas médicas se enfocan en el cuerpo. La familia quiere ser positiva. Los amigos no saben qué decir. Tú mismo no sabes qué decir.

Ahí es donde entra el arte.

La arteterapia ofrece un espacio diferente. Un lugar donde no tienes que explicar nada, donde no tienes que ser fuerte ni optimista, donde puedes depositar todo lo que sientes sin necesidad de ordenarlo primero. Los colores, las formas, las texturas pueden contener lo que las palabras no pueden.

No es magia. No es una cura milagrosa. Pero la evidencia científica muestra que la arteterapia puede tener efectos reales y medibles en pacientes oncológicos:

  • Reducción de la ansiedad y la depresión.
  • Disminución de la fatiga relacionada con el tratamiento.
  • Mejora en la calidad de vida general.
  • Mayor sensación de control sobre la propia experiencia.
  • Alivio del estrés asociado a los tratamientos.

Un metanálisis publicado en la revista Support Care Cancer revisó múltiples estudios y concluyó que la arteterapia puede tener efectos beneficiosos significativos en el bienestar psicológico de los pacientes con cáncer. No reemplaza el tratamiento médico, pero lo complementa de una manera profunda.

Mi historia: del diagnóstico al arte, del arte a la sanación

Permíteme contarte un poco más de mi camino, porque creo que puede ayudarte a entender desde dónde te hablo.

Cuando me diagnosticaron cáncer, yo ya era artista. Había estudiado diseño, trabajaba en fotografía, tenía exposiciones de pintura, el arte siempre había sido parte de mi vida. Pero nunca lo había usado de esta manera —como una herramienta de supervivencia emocional.

Los primeros días después del diagnóstico fueron un torbellino. Recuerdo sentirme paralizada, como si mi mente no pudiera procesar la información. Las conversaciones con los médicos me llegaban fragmentadas. Mi familia trataba de apoyarme, pero yo no sabía qué necesitaba.

Un día, sin pensarlo mucho, saqué unas acuarelas viejas que tenía guardadas. No tenía un plan, no sabía qué iba a hacer. Simplemente empecé a poner color en el papel.

Lo que salió no era bonito. Eran manchas oscuras, trazos agresivos, colores que chocaban entre sí. Pero mientras lo hacía, algo se movió adentro de mí. Como si estuviera sacando algo que necesitaba salir, algo que no tenía nombre pero que pesaba.

Esa fue la primera de muchas sesiones conmigo misma. A lo largo del tratamiento —las radiaciones, la cirugía, los días malos, los días un poco menos malos, los miedos que aparecían de madrugada— el arte se convirtió en mi refugio. A veces pintaba. A veces hacía collages con recortes de revistas. A veces solo garabateaba mientras esperaba en el hospital.

No siempre entendía lo que creaba. Pero siempre me sentía un poco más liviana después.

Cuando terminé el tratamiento y empecé el largo camino de la recuperación, supe que quería dedicarme a esto. Quería acompañar a otras personas que estaban pasando por lo que yo había vivido. Quería ofrecerles ese espacio que a mí me había sostenido.

Me formé como arteterapeuta y como tanatóloga, complementando mi práctica con estudios en diversos países: México, donde me certifiqué en la Universidad Iberoamericana; Bali, donde profundicé en prácticas artísticas ancestrales y técnicas de respiración consciente; India, donde me certifiqué en Reiki en Rishikesh; Tailandia, donde exploré el arte meditativo; y Malasia, donde aprendí sobre fusiones artísticas asiáticas. Escribí un libro, Indeleble, donde cuento mi historia con la esperanza de que pueda resonar con otros. Y hoy, cada vez que me siento frente a alguien que está atravesando un diagnóstico oncológico, lo hago desde un lugar de profunda comprensión. Porque yo estuve ahí. Sé lo que se siente.

¿En qué momento del proceso oncológico puede ayudar la arteterapia?

Una de las cosas hermosas de la arteterapia es que puede adaptarse a cualquier etapa del camino. No hay un momento "correcto" para empezar.

Durante el diagnóstico

Los primeros días y semanas después de recibir un diagnóstico de cáncer son abrumadores. Hay shock, incredulidad, miedo. Hay una avalancha de información médica que procesar. Hay decisiones que tomar cuando apenas puedes pensar con claridad.

En esta etapa, la arteterapia puede ayudarte a:

  • Procesar el shock inicial de manera gradual.
  • Expresar el miedo y la incertidumbre sin tener que "explicarlos".
  • Encontrar pequeños momentos de calma en medio del caos.
  • Comenzar a recuperar un sentido de agencia sobre tu propia experiencia.

Durante el tratamiento

Las radiaciones, la cirugía, los tratamientos oncológicos son agotadores, física y emocionalmente. Hay días en que apenas tienes energía para levantarte. Hay efectos secundarios que afectan tu imagen corporal. Hay esperas interminables en hospitales.

En esta etapa, la arteterapia puede:

  • Ofrecer una actividad que no depende de tu nivel de energía (podemos adaptar todo).
  • Ayudarte a procesar los cambios en tu cuerpo.
  • Darte algo que esperar que no sea médico.
  • Crear un espacio donde eres más que tu enfermedad.
  • Reducir la ansiedad antes y después de los tratamientos.

Después del tratamiento

Muchas personas piensan que cuando termina el tratamiento, todo vuelve a la normalidad. Pero quienes hemos pasado por esto sabemos que no es así. Hay un duelo por la vida de antes. Hay miedo a la recurrencia. Hay una identidad que reconstruir. Hay un cuerpo que ya no se siente igual.

En esta etapa, la arteterapia puede ayudarte a:

  • Procesar la experiencia vivida, ahora que hay más distancia.
  • Trabajar con el miedo a que el cáncer regrese.
  • Reconstruir tu sentido de identidad.
  • Encontrar significado en lo que atravesaste.
  • Celebrar tu resiliencia.

Para familiares y cuidadores

El cáncer no afecta solo a quien lo tiene. Las familias, las parejas, los amigos cercanos también cargan un peso enorme. Ven sufrir a alguien que aman, sienten impotencia, tienen sus propios miedos y a menudo no tienen espacio para expresarlos porque "el enfermo es otro".

La arteterapia también puede ser un recurso valioso para los cuidadores, un lugar donde pueden atender sus propias emociones sin sentir que le están quitando espacio al paciente.

¿Cómo son las sesiones de arteterapia oncológica?

Quiero que sepas exactamente qué esperar, porque entiendo que cuando estás lidiando con un tratamiento de cáncer, la incertidumbre es lo último que necesitas.

Las sesiones se adaptan a ti, no al revés. Si estás en un día de poca energía, trabajamos con eso. Si estás en cama, podemos hacer la sesión online con materiales simples. Si tienes náuseas, hacemos pausas. Si solo quieres hablar, hablamos. Tú marcas el ritmo.

No necesitas ninguna habilidad artística. Lo voy a repetir porque sé que es una preocupación común: no tienes que saber dibujar, pintar ni nada parecido. No estamos haciendo arte para exhibir; estamos usando el arte como herramienta de expresión. Un garabato puede ser tan significativo como una pintura elaborada.

Usamos materiales simples y accesibles. Papel, lápices de colores, crayones, acuarelas, revistas para recortar, plastilina... Nada complicado, nada intimidante. Si hacemos sesiones online, trabajamos con lo que tengas en casa.

Las sesiones duran aproximadamente 50 minutos, pero podemos ajustar según cómo te sientas ese día. Tu bienestar físico es la prioridad.

Todo es confidencial. Lo que expresas en la sesión queda entre nosotros. Este es un espacio seguro donde puedes ser completamente honesto sobre lo que sientes, sin filtros.

La primera consulta es gratuita. Dura 30 minutos y es simplemente para conocernos, para que me cuentes qué estás atravesando y para explorar juntos si la arteterapia puede ser útil para ti. Sin presión, sin compromiso.

Arteterapia y tanatología: un enfoque integral

Hay algo de lo que no se habla mucho, pero que está presente en la experiencia de casi todos los pacientes con cáncer: la confrontación con la propia mortalidad.

El cáncer te obliga a pensar en la muerte, aunque nadie quiera mencionarlo. Te obliga a preguntarte qué pasaría si... Te obliga a confrontar miedos que preferirías no mirar.

Por eso, en mi práctica, integro la arteterapia con la tanatología cuando es necesario. La tanatología es la disciplina que acompaña los procesos de pérdida, duelo y muerte. No se trata de rendirse ni de perder la esperanza; se trata de poder mirar esos miedos de frente, de darles espacio, de no cargar con ellos en silencio.

A veces, poder expresar el miedo a morir —en un dibujo, en un collage, en palabras— lo hace más manejable. A veces, poder despedirse de la vida que tenías antes del diagnóstico abre espacio para abrazar la vida que tienes ahora.

No todos mis consultantes necesitan este nivel de trabajo. Pero si tú sientes que hay miedos profundos que no te atreves a expresar, quiero que sepas que aquí hay espacio para ellos.

Preguntas que quizás te estás haciendo

Estoy muy cansado/a por el tratamiento. ¿Puedo hacer arteterapia así?
Absolutamente. La arteterapia no requiere energía física. Podemos trabajar desde tu cama, con materiales mínimos, en sesiones más cortas si es necesario. He acompañado a personas en sus días más difíciles de tratamiento, y siempre encontramos una forma de crear que respete tu estado.

¿Funciona online si no puedo salir de casa?
Sí. Las sesiones online pueden ser igual de profundas que las presenciales. Te guío a través de la pantalla, trabajamos con materiales simples que tengas en casa, y el proceso es el mismo. Muchos pacientes oncológicos prefieren esta modalidad porque evita desplazamientos y riesgo de infecciones.

¿También pueden participar mis familiares?
Sí. Puedo trabajar contigo individualmente, pero también ofrezco espacios para familiares y cuidadores. El cáncer afecta a todo el sistema familiar, y todos merecen un espacio para procesar lo que están viviendo.

Tengo miedo de que si empiezo a expresar lo que siento, no pueda parar.
Entiendo ese miedo. Muchas personas lo tienen. Pero la arteterapia es un espacio contenido, con un principio y un fin, donde yo te acompaño. No estás solo/a con tus emociones. Y mi experiencia me ha enseñado que expresar lo que sentimos no nos destruye; lo que nos destruye es cargarlo en silencio.

¿Es lo mismo que los talleres de manualidades que hacen en algunos hospitales?
No exactamente. Los talleres de manualidades pueden ser relajantes y valiosos, pero la arteterapia es un proceso terapéutico guiado por un profesional capacitado. Vamos más allá de la actividad: exploramos lo que surge, hacemos conexiones, profundizamos. Es la diferencia entre pintar para distraerte y pintar para sanar.

¿Y si no quiero hablar de mi cáncer?
Está bien. No tienes que hablar de nada que no quieras. A veces las sesiones son un respiro del tema médico, un espacio donde simplemente creas y te conectas contigo mismo/a desde otro lugar. Tú decides qué traes y qué no.

No tienes que atravesar esto solo/a

Sé lo aislante que puede sentirse un diagnóstico de cáncer. La arteterapia puede darte un lugar donde depositar todo lo que sientes, un lenguaje para lo que no tiene palabras.

Agenda tu primera consulta gratuita

Lourdes es arteterapeuta, tanatóloga, diseñadora, fotógrafa y sobreviviente de cáncer. Su experiencia personal con la enfermedad la llevó a dedicarse a acompañar a otras personas en sus procesos de sanación. Su formación integra técnicas de México, Bali, Tailandia, Malasia e India. Es autora de "Indeleble", un testimonio de transformación y resiliencia donde comparte su historia de atravesar el cáncer y reconstruirse a través del arte.